Supeditamos
a la apariencia todo tipo de proceder. Cuando atisbamos posibles recompensas
desarticulamos lo imposible con tal de obtener beneficios mayores a los
invertidos; pero de no catalogar posibilidad de ellas desaparece bondades de nuestro
carácter, proporcionando trato escueto y sucinto.
Un proceder
alejado de intereses no se concibe por más que se veje de la discriminación. Un
cambio interno del corazón hace renunciar al egoísmo, rivalidad, envidia y
estridencia; pero ese cambio solo El Creador en Cristo Jesús lo opera y termina
con penurias o falencias.
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