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Que de Dios sea el querer como el hacer implica que Dios insufla en el hombre de su Espíritu para querer y poder hacer su voluntad y ahí no es pasivo, sino muy activo el ser humano.
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Es menester la presencia de la naturaleza carnal que no logramos erradicar,en contraste con la Espiritual para tomar plena dimensión de la rectitud, misericordia y verdad que impele el carácter conducente a la recepción de benevolencia y beneplácito del Creador en vida pletórica.
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